
-Con la mitad del trienio consumida y 20 millones sin ejercer, tres obras prioritarias de Mazatlán permanecen en etapa de intención mientras los plazos para ejecutarlas se reducen-
El reloj de la administración municipal de Mazatlán avanza y los tres proyectos más urgentes de la ciudad no. A un año y medio de gobierno de la alcaldesa Estrella Palacios Domínguez, la construcción del nuevo relleno sanitario, la habilitación de un nuevo panteón municipal y la implementación de una estrategia integral de movilidad urbana permanecen prácticamente en etapa de intención, sin terrenos comprados, sin contratos firmados y sin obras comenzadas. Los proyectos pendientes de Mazatlán no son nuevos en el discurso institucional, pero el tiempo que queda para materializarlos se reduce de forma acelerada.

El caso del relleno sanitario es el más costoso en términos de inacción. Mantener en operación el basurón actual, que está en proceso de clausura, le cuesta al municipio casi 16 millones de pesos al año: 8.9 millones en arrendamiento de maquinaria especializada y 7.6 millones en renta de las 36 hectáreas del ejido Urías donde se depositan los desechos. A principios de 2025, el gobierno estatal tenía destinados 100 millones de pesos para detonar el proyecto, pero los recursos fueron retirados a finales del mismo año porque el Ayuntamiento no contaba con un terreno definido ni con un proyecto técnico validado. Hoy, el Plan Anual de Obra Pública solo contempla la elaboración del proyecto ejecutivo, con un presupuesto de 2.8 millones de pesos, sin que exista todavía una ubicación oficial para el nuevo sitio de disposición final.
El segundo de los proyectos pendientes de Mazatlán golpea más cerca de las familias. Los panteones públicos de la ciudad están prácticamente saturados y en algunos casos solo quedan espacios reservados por quienes tuvieron la previsión de apartar lotes con anticipación. Para muchos mazatlecos, la única opción al momento de perder a un familiar es trasladarse hasta el panteón de Villa Unión. El terreno originalmente proyectado para el nuevo camposanto se ubica en el kilómetro 5 de la autopista Mazatlán-Culiacán, con capacidad para 30 mil espacios, pero el Plan Anual de Obra lo reubica en el poblado de Miravalles con una inversión de 15 millones de pesos. El Plan Municipal de Desarrollo reporta apenas un 15 por ciento de avance en la elaboración del proyecto ejecutivo. Existe una bolsa de 20 millones de pesos destinada a la adquisición de terrenos para ambos proyectos, pero al cierre de este reportaje no se ha concretado ninguna compra ni se registra en el Comité de Adquisiciones del Ayuntamiento ningún proceso activo que indique movimiento real.
La movilidad urbana completa el cuadro de los proyectos pendientes de Mazatlán que la actual administración no ha logrado detonar. El parque vehicular crece, el congestionamiento se agudiza y no existe una estrategia municipal clara para atenderlo. El Plan Integral de Movilidad Urbana Sustentable, señalado por organismos como el Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa zona sur como una herramienta urgente para ordenar el crecimiento vial y mejorar la competitividad de la ciudad, no muestra avances visibles. Durante el trienio actual se han inaugurado dos puentes vehiculares, pero ambos corresponden a gestiones y financiamiento estatal y federal, no a una política municipal propia. Ni siquiera hay indicios de retomar propuestas previas como el carril preferencial sobre la avenida Ejército Mexicano.

Con año y medio restante de administración, los procesos de licitación que tardan entre 45 y 60 días, más los tiempos de asignación de recursos, contratación y ejecución, los proyectos pendientes de Mazatlán entran en una zona de riesgo real. El 2027 electoral que se aproxima históricamente ralentiza los procesos administrativos, lo que reduce aún más el margen disponible. La pregunta que la ciudad le hace a su gobierno municipal es cada vez más concreta: ¿habrá tiempo?