
-Datos de Conselva revelan que la crisis hídrica en Sinaloa ya opera en desequilibrio crítico: entran 2 mil 188 millones de metros cúbicos al sistema, pero se extraen más del doble. El daño podría volverse irreversible-
Sinaloa está gastando agua que no tiene. Esa es, en términos simples, la alerta que lanza la organización Conselva, Costas y Comunidades AC tras analizar el comportamiento del sistema hídrico de la entidad. Los números son contundentes: mientras las presas reciben 2 mil 188 millones de metros cúbicos, la extracción alcanza los 4 mil 268 millones. Se saca más del doble de lo que entra. Para Sandra Guido Sánchez, directora de Conselva, este desequilibrio no es una advertencia a futuro, es una crisis hídrica en Sinaloa que ya está en curso y que, si no se detiene, podría dejar al estado en un punto del que no hay regreso.
La directora lo describe con una metáfora clara: el agua funciona como una cuenta bancaria con entradas y salidas. Cuando los retiros superan sistemáticamente los depósitos, el resultado es la quiebra. “Estamos hablando de bancarrota hídrica”, afirmó Guido Sánchez, y aclaró que no se trata de un evento puntual o de una sequía extraordinaria, sino de un patrón prolongado de sobreexplotación que se ha normalizado sin que nadie haya frenado el ritmo de consumo. Las imágenes de presas secas en 2024 y 2025, señala, no fueron suficientes para generar el cambio de mentalidad que la situación exige.
Uno de los frentes más preocupantes de la crisis hídrica en Sinaloa es lo que ocurre en las zonas costeras. La extracción excesiva de agua subterránea cerca del litoral ha generado vacíos en los acuíferos que están siendo ocupados por agua salada del mar, contaminando fuentes que antes eran aptas para consumo y uso agrícola. Un proceso que, una vez iniciado, es extremadamente difícil de revertir. A eso se suma que el 94 por ciento del volumen de agua que consume el estado se destina a la agricultura, lo que coloca a Sinaloa entre las entidades con mayor presión hídrica de todo el país.
La respuesta institucional, según Conselva, ha apuntado en la dirección equivocada. En lugar de evaluar la disponibilidad real del recurso, la estrategia se ha enfocado en construir más infraestructura: más pozos, más presas, más capacidad de extracción. “No hemos captado. Tener una estructura así no es condición de tener agua”, señaló Guido Sánchez, subrayando que ampliar la capacidad de extracción sobre un sistema ya sobreexplotado no resuelve el problema, lo profundiza. La advertencia es directa: si el modelo no cambia, Sinaloa podría entrar en un estado permanente de poscrisis del que ya no podrá recuperarse.
La crisis hídrica en Sinaloa no es un escenario hipotético ni una proyección lejana. Es una realidad que ya está afectando acuíferos, comprometiendo zonas costeras y poniendo en riesgo la viabilidad del modelo productivo del estado. La pregunta que Conselva deja sobre la mesa es incómoda pero urgente: ¿cuánto tiempo más puede Sinaloa extraer agua que no tiene antes de que el daño sea definitivo?


